Tema: VIRGEN DE CAACUPÉ / S.S. JUAN PABLO II Emisión: 4 de octubre de 1996 Serie: 76 Valores: * G. 200 (222) - 30.000 unidades (Basílica de Caacupé / Virgen de Caacupé / S.S. Juan Pablo II)
* G. 1.300 (223) - 50.000 unidades (Basílica de Caacupé / Virgen de Caacupé / S.S. Juan Pablo II)
A fines del siglo XVI un indio converso, de oficio escultor, se interno en el monte y se encontro con una partida de salvajes Mbayaes de los cuales logro escapar, ocultandose tras un grueso tronco. En los angustiosos momentos que paso en su escondite, pidio a la Virgen salir con vida de aquella aventura. Libre de aquel riesgo, labro una imagen con el mismo tronco que le habia cobijado como le prometió a la Virgen. En el año 1603 el lago Tapaicuá se desbordo e inundo todo el valle de Pirayú arrasando todo lo que estaba a su paso incluso la imagen de la Virgen. Sin embargo al retroceder las aguas milagrosamente aparecio la imagen de la Virgen que el indio había labrado. Los pobladores comenzaron a difundir su devocion y comenzaron a invocarla con el nombre de "Virgen de los Milagros". Un devoto vecino, llamado Jose y carpintero de oficio, le labro una modesta ermita y en ella empezo a recibir culto la Virgen de Caacupé. La imagen e Ntra. Sra. de Caacupé es pequeña, de poco más de cincuenta centimetros. Es Inmaculada y sus pies descansan sobre una pequeña esfera, ciñendo su talle una faja blanca de seda. Cada 8 de diciembre se celebra la fiesta de María de Caacupé y los peregrinos llegan por millares al Santuario a demostrar su amor y gratitud a la Madre de todos, a la "Virgen Azul de Paraguay".
** Es el bosque sembrado de luces, de sombras, de chillidos y cantos. Es la tarde brillante de oros y verdes azulados. Es el paraíso para el muchacho indio que se ha internado en el monte en busca de maderas apropiadas para el trabajo. El indio ha salido de las Misiones con ese objetivo y recorre el monte observando los árboles, la magnificencia del paisaje, las luces, las sombras, los chillidos, los cantos. Los pájaros y los animales han llamado su atención y se ha alejado de las Misiones tal vez demasiado. El indio ha recogido algunas maderas que lleva consigo pero, extasiado ha ido de aquí para allá extraviando el camino. Esconde la madera que ha juntado en un sitio que le parece seguro y comienza a buscar el camino de regreso. ** José es el nombre cristiano del indio. Se lo han puesto los misioneros al bautizarlo. José es joven y fuerte. Avanza seguro de sí mismo. Seguro de encontrar el camino de regreso. Pasan las horas y José no puede hallar el camino, tan denso es el bosque que se ha perdido. Ya no podría decir con exactitud ni tan siquiera dónde dejó las maderas que ha recogido para las tallas que se proponía encarar. ** Ha aprendido el oficio de tallar la madera y todos en las misiones lo consideran un artista. José es feliz allí. Trabaja para sí inismo y para los demás. Aprende cosas nuevas. Honra a Dios y no le falta nada. ¿Qué más podría pedir? ** José y el monte, hermoso y escabroso. De pronto José siente que alguien lo sigue. Escucha murmullos. José apura el paso. Trata de alejarse de aquellas voces. ¿Lo han escuchado? ¿Lo han visto? José teme que sí y trata de despistar a quien lo sigue. Ahora corre. Avanza entre las lianas y los arbustos que le lastiman la piel. ** José corre. Desconoce el monte en esta zona y cada vez. Ir parece estar internándose en regiones más lejanas y sombrías. ** Lo persigue un grupo de guerreros mbya. La tribu que no se ha hecho amiga de los misioneros. La tribu que rechaza la evangelización. Terribles y poderosos son los guerreros mbya. José presiente que se trata de ellos. Lo han descubierto y lo persiguen como el cazador persigue a su presa. Lo rodean. Dan gritos. Se comunican en una lengua que José no entiende. ** La persecución es larga. José está agotado. No sabría cómo seguir. Se detiene en un claro. ¿De dónde vendrán estos guerreros? ¿Estaré rodeado? piensa José. Y se lanza de nuevo hacia la espesura a ciegas. Ha logrado salir nuevamente del círculo que los mbya le tienden A punto de desfallecer, José llega junto a un gran árbol. Se detiene apoyándose en su tronco enorme. Se acurruca. Reza ahora José. Implora. Clama a la Virgen María. Hace su promesa: "si salgo con vida de ésta te prometo Virgencita que he de tallarte una hermosa imagen con la madera de este mismo árbol que ahora me protege", dice para sí mismo José. ** Escucha los pasos de los guerreros. Ellos lo huelen. Está seguro de eso. José se esconde en una grieta que el tronco tiene hacia seis grandes raíces. ** Ya se escuchan las voces de los guerreros acercándose. EI círculo se hace cada vez más pequeño. Ahora José puede verlos. Vienen hacia él. Son siete los guerreros. Están armados y son fuertes y jóvenes. Están furiosos de haber descubierto a un intruso en sus tierras. José reza en silencio. ** Los mbya pasan junto al árbol, perciben la presencia del extraño pero no lo ven. Pasan los guerreros junto a José sin verlo y desconfiados continúan su búsqueda yéndose hacia otros lugares del bosque. José respira aliviado y agradece a la Virgen. Los mbya, a juzgar por sus gritos y señales que se escuchan a lo lejos, han perdido el rastro. ** Una vez que los mbya se alejan, José arranca del árbol un buen pedazo de madera y retoma el camino de regreso. Ahora cree reconocer el lugar donde se encuentra y sin problemas retorna a las Misiones. De inmediato se dispuso a cumplir con la promesa hecha a la Virgen y comenzó a tallar una imagen con aquella madera. Semanas más tarde tenía lista dos imágenes de la Virgen. Una, destinada a la veneración pública y otra más pequeña para su culto personal. La primera reposa hoy en el altar de la iglesia de Tobatí y la más pequeña es la milagrosa imagen venerada por cientos de miles de personas de todo el mundo en la Basílica de Caacupé.
Tava Tovatime oiko’akue petei ñande ypykuéra hérava Hose ava guaraní oñemongaraiva’ekue. Ha’e ojapo ta’anga tupãope guarã. Petei jey oho yvyra rekávo ka’aguýpe. Upépe osê chupe guaikurukuéra, kyhyjepópe oñani pe ka’aguy mbytére oikuaágui ko’ava ndohayhuiha chupe. Guaikurukuéra ohupytypotoaite jave ojuka haguã Hosépe, kova oñemoi petei yvyra poguasu kupépe, oñesu ha oñembo’e tupasýme: -Chemokañymína ko’a guaikuru resa renondégui, aníkena ehejatei che recha hikuái Tupãsymi -Ase ramo ko’agui tekovére, ajapóta ndéve nera’anga yvyrágui, nemomora haguã opavave oikóva guive ko yvy ape ári. Tupasý ohendu iñe’ê ha umi guaikuru oguahêvo ijypýpe, iñipytûmba ijerére ha ndohechai hikuái moôpa okañy Hose. Ou jevývo Tovatî me, Hose vy’ape omombe’u Pa’ikuerape ojehu’akue chupe ka’aguypýpe, ha mba’épa ojapose oipopepývo Tupãsyme. Pa’ikuera oguerohoryeterei pe ojaposeva ha he’i chupe: -Ejapona mokoi Tupãý ra’anga, patêi tuicháva, tupaópe guãra ha ambue michîvéva, nde rógape guarã.
Heta ara ohasa rire pe Tupãsy ra’anga michivéva oguereko’ákue hógape Hose, ojereraha Tupão Ka’akupépe. Ko’ága peve pe ta’anga oime Tupão Ka’akupépe ha upepeve ojeho opa tendágui poapy jasypokõipe, ojechauka hagua jerovia ha mborayhu Tupãsyme
La leyenda de la Virgen de Caacupé (FOLKLORE) Traducción hecha por Mario Coronel
En el pueblo de Tobati vivía un antepasado nuestro llamado José. Se dedicaba a tallar imágenes para los templos. Una vez fue en busca de madera al bosque. Allí fue perseguido por indios Guaicurues. José corrió pavoroso de miedo, sabiendo que éstos lo querían alcanzar para matarlo. Cuando estaban a punto de alcanzarlo se ocultó detrás de un grueso árbol, rezó e hizo un ruego (o una súplica) a la Virgen María en los siguientes términos: -Por favor ocúltame de la vista de estos guaicurues. -Si salgo con vida haré una imagen tuya de éste árbol para que todos los hombres que vivan sobre la tierra te adoren. La Virgen escuchó su ruego, a llegar los guaicurues hizo oscurecer alrededor del árbol y no pudieron ver dónde estaba oculto José. José relató con alegría después a unos sacerdotes lo ocurrido en el bosque y su intención de tallar la imagen para pagar su promesa. Éstos aprobaron con mucha alegría y le sugirieron: -Haz dos imágenes, una grande para ser llevada a un templo y otra más pequeña para tu casa. Después de mucho tiempo la imagen que tenía José en su casa fue llevada a la ciudad de Caacupe. Hasta hoy la imagen se encuentra en la catedral de la Virgen en la ciudad mencionada, hasta ahí llegan gente de todas partes del país y del extranjero para demostrarle fé y adorarla cada 8 de diciembre.
PD: Adicionalmente se cuenta que en principio algún señor llevó la imagen a la actual ciudad de Ypacarai pero la Virgen no estaba contenta allí, en razón de ser un lugar bastante bajo, desde no podía divisar a sus hijos. Pidió que se la lleve a un lugar más alto pero ante la negativa recibida por este señor, la Virgen empezó a hacer crecer lo que era un manantial o fuente hasta convertir en un lago y con la amenaza de hacer crecer aun más y más. Ante esta situación el señor no tuvo más remedio que llevar al lugar actual. La Virgen bendijo el lugar anterior y así quedó un hermoso lago llamado YPACARAI que traducido al español significa: AGUA DESBORDADA Y BENDECIDA. El romántico nombre de Lago Azul de Ypacarai está muy relacionado con el de la Virgen Azul de Caacupé. Porque la ciudad de Caacupé está en una serranía también se la denomina Virgen Serrana de Caacupé.