miércoles, 2 de diciembre de 2009

Historia de la Virgen



Según la historia un día antes del año 1603, un indio cristiano, escultor de profesión, había ido al bosque en busca de barro. Unos integrantes de la aldea enemiga del indio cristiano, los Mbayaes, en un momento se toparon con éste y lo persiguieron, con la intención de matarlo.
Viéndose nuestro indio en un grave peligro, subió a un frondoso y gran árbol, y en casi en la copa, prometió a la Santísima Virgen, que si lo salvaba de aquel peligro, tallaría una imagen de la Virgen con el madero de dicho árbol.
Representación del Indio y la Virgen tallada en el tronco. Por obra divina, el devoto indio se vio librado de caer en manos enemigas y, fiel a su promesa, hizo poco después una imagen de la Inmaculada Concepción, que se destinó primero al culto privado, o pero la Providencia trazó el plan por donde llegase a ser públicamente venerada, para poder auxiliar a los necesitados y enjugar las lágrimas de los afligidos.
En el año 1603, se desbordó el pequeño lago Tapaicuá, inundando el valle de Pirayú. Llamaron los habitantes del valle al misionero franciscano Fray Luis de Bolaños, famoso por haber hecho manar una fuente milagrosa con sólo golpear las peñas con un crucifijo.
Éste se presentó en el lugar de la catástrofe y en presencia de la muchedumbre, atónita, mandó a las aguas que se serenasen.
Y así se hizo... Las aguas bajaron, y el valle recobró su aspecto anterior. Entonces aquel lago tomó el nombre de Ypacaraí, al cual se lo conoce de esta manera hasta nuestros días.
Mientras el santo varón daba las gracias al cielo, gente del pueblo se había acercado a las orillas del lago, y observaron un objeto flotando sobre las aguas, impelido por una suave brisa hacia la playa. Uno de los presentes se lanzó al agua y recogió el objeto misterioso, trayéndolo hasta la playa. Era un cofre de cuero, de forma cilíndrica. Lo abrieron, y un grito unísono de júbilo resonó por todo el valle: ¡Una imagen milagrosa!, ¡La Santísima Virgen!. En efecto, del pequeño cofre habían sacado una imagen de la Inmaculada Concepción, de madera, artísticamente tallada.
Se cree que el piadoso escultor se ahogó en las embravecidas aguas ya que nunca volvió a reclamar la imagen; mientras el cofrecito pudo flotar, y se salvó dicha escultura
"Virgen de Caacupé".
Después de haber pasado por varias manos, la Virgencita tuvo por fin su Santuario, que fue construido en 1765, y es el que actualmente existe, varias veces ampliado y transformado.
Basílica de Caacupé.
No sólo en la víspera de aquel 8 de diciembre había alborozo: aquel cuadro que hoy se nos presenta, se repite año tras año, y se ha repetido siempre. Porque todos los años, indefectiblemente, el pueblo paraguayo, devotamente, va a rendir su homenaje a la Virgen de los Milagros de Caacupé.
Caacupé... es la palabra que significa: "detrás de los montes".
Recordando así, aquel pedido que hizo el indio cristiano, quien después cumplió su promesa, hoy en día, miles de personas también se hacen la promesa, de ir en peregrinaje, hasta la basílica de Caacupé.
Para quienes viven en Asunción, se sitúa siguiendo por la ruta 2, a 54 kilómetros de la capital; para otros peregrinantes, también poseen sus caminos y maneras de llegar al cerro de Caacupé.
Miles de personas cada año, se encuentran para agradecer a la Virgen, mantener la fe, cumplir la promesa, y traer buenos recuerdos del lugar. Niños, jóvenes y ancianos, todos ellos, unidos por la fuerza de este día festivo, o también por la tradición, y hasta otras por el perenne deseo de corresponder a la Santísima, asisten religiosamente a las misas y festejos que se celebran.
Caacupé... es el sitio donde convergen las caravanas, cientos o miles, y van a venerar a la Inmaculada Virgen, en unas celebraciones religiosas y profanas que se han convertido en una de las fiestas de mayor arraigo nacional: El día de la Virgen de Caacupé.

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